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martes, 8 de noviembre de 2016

MÉRIDA, LA CIUDAD DEL RETIRO ROMANO

Buenos días seguidores hoy mi blog irá dedicado a una de las ciudades más importantes de España. Mérida situada en el norte de la provincia de Badajoz es la capital Extremadura. Mérida aunque fue fundada en el año 25 a.c. por el emperador Octavio Augusto como lugar de retiro de los legionarios...su historia se remonta muchos siglos antes. En la Prehistoria y sobre todo en el Paleolítico Inferior y Medio, esta ciudad tuvo sus primeros habitantes, pero no será hasta el Calcolítico cuando se asentó como urbe conocida con el nombre de Araya. Pero la verdadera historia de esta ciudad comenzó en el año 25 a.c. cuando fue fundada con el nombre de Colonia Iulia Augusta Emerita por mandato de Octavio Agusto. Curiosamente esta urbe se fundó para servir de retiro a las legiones romanas de las guerras cántabras: Legio V Alaudae y Legio X Gemina. De ahí el nombre de Emerita "retiro". La ciudad fue la capital de la provincia romana de Lusitania, antigua Portugal. Durante ese período se construyeron muchos de los edificios que hoy se conservan, el teatro, el anfiteatro, el circo, los templos, los puentes y acueductos. Mérida vivió unos tiempos prósperos hasta el siglo V d.c. cuando las tribus indoeuropeas comenzaron a ganar territorios, una de ellas la de los alanos conquistó la ciudad en el 409 a manos de su líder Atax. Poco le duró su alegría ya que años más tardes, en el 418, fue destituido por los visigodos, el rey visigodo Walia. Durante este siglo varios pueblos como los bárbaros intentaron tener el control de la ciudadela hasta que los suevos la hicieron capital de su reino. Luego en el siglo VI volvió a pasar a manos de los visigodos bajo el mandato de Agila I. Años psteriores el cristianismo se adueña de la ciudad, siendo uno de sus máximos representantes la Mártir Santa Eulalia, patrona y alcaldesa perpetua de la ciudad. en el 713 los árabes se hacen con el poder, pero en el siglo IX, comienzan las rebeliones mozárabes contra el califato de Córdoba. Hasta que Abderraman II ordenó construir la Alcazaba y desmantelar las murallas romano-visigodas que defendían la ciudad. Siglo más tarde la población pasó a manos cristianas, corría el año de 1230 bajo el mandato de Alfonso IX de León, convirtiéndose también en la sede de los caballeros de Santiago. Después se fundó como aldea de la ciudad, Almendral de Mérida, independizada en 1536 con el nombre de Almendralejo. Durante la época de los Reyes Católicos, Mérida alcanzó cierto poder económico gracias a la apertura comercial con las Indias, más de 200 personas se embarcaron en la aventura y fundaron varias ciudades en América del Sur, como; Mérida (Venezuela) y Mérida (Yucatán). En el 1720, Felipe V, la nombró capital de la región. Con la llegada de los franceses, perdió mucho patrimonio, pero con el tiempo se recuperará de estas adversidades. En 1810 fue nombrada capital de la Prefectura de Guadiana y Guadajira. Con la designación de Mérida, en 1983, como Capital de la Comunidad Autónoma de Extremadura, la ciudad prosiguió su crecimiento. La lluvia golpeaba el parabrisas de mi Peugot Partner, en aquella gasolinera de Plasencia cuando en mi cabeza una idea no dejaba de aparecer. ¡Tengo que visitar Mérida! En la mañana de aquel 1 de Noviembre, la ciudad Mérida aparecía sonriente ante mis ojos mientras que el sol del invierno acariciaba su cuerpo. Después de tomar el primer cartel de entrada en la ciudad, la carretera desembarcó junto a un gigante de piedra, un gigante dormido durante casi 2000 años, ante mí apareció el acueducto. El acueducto de los Milagros se alzaba ante mí, desafiando el paso del tiempo con su increíble altura de 25 metros, este abastecía a la ciudad desde el embalse de Prosperina, a 12 kilómetros, una obra tremenda de ingeniería. El gigante se compone de elegantes pilares con cinco hiladas de sillares de granito de ladrillo. Los arcos van enlazando los pilares con el ​​opus caementicium u hormigón romano. La fecha de la mole se remonta al siglo I d.c. y es un milagro que siga en pie de ahí su nombre. Con un sol casi primaveral dejé el acueducto trás y encamine en busca de las joyas de la ciudad, guardadas desde hace siglos en su centro... Las once de la mañana se asomaban en mi teléfono móvil cuando tras pagar la entrada, se abría ante mí el Anfiteatro Romano, 2000 años de piedra contemplaban mis ojos, mi cuerpo llevado por la emoción del momento no se percató de unas cuerdas que a modo de aduana no permitían la entrada a una parte de la estructura. Sin saber como, me encontraba en summa cavea, es decir, en las gradas superiores y es que los romanos llamaban a las partes del graderío de tres maneras: ima, media y summa cavea —inferior, media y superior. Andaba yo en mi mundo de gladiadores y bestias cuando una voz me martilleaba mi cabeza. Bájese de ahí¡, está prohibido andar por ahí¡ replicaba una voz que se me antojaba lejana pero que cada vez estaba más cerca. Cuando reaccioné comprobé que la voz se dirigía hacia mí. Una mujer de mediana edad, con atuendo azul, pantalón de boy scout, me invito a que me bajara y me preguntó el motivo de andar por allí. Resuelto el conflicto me explicó cada una de las partes del anfiteatro. Este está en un estado de conservación apto para la recreación mental del siglo I a.c. . Para quien no lo sepa es el lugar donde se celebraban espectáculos y juegos como por ejemplo las luchas de gladiadores, de bestias..."las Venatio" Este anfiteatro se inauguró en el año 8 d.c. y terminó su función en el siglo IV a.c. con la llegada del cristianismo. El anfiteatro tiene forma elíptica, con un eje principal de 126 m y uno menor de 102 m, mientras que la arena mide 64 m por 41 m, tenía 16 puertas de entrada, las gradas o cáveas se dividían en: ima, media y summa cavea. La arena se separaba del público mediante un podio, en su centro se excavó una enorme cruz, para albergar las jaulas de las fieras y material escénico. Junto a la arena, se abren habitaciones reservadas para los gladiadores o para las fieras, el anfiteatro estuvo consagrado a la diosa Némesis. Tras varias fotos, seguí mi camino hacia la joya del lugar el Teatro Romano. Una oscura puerta y 5 escalones me separaban de las gradas. Después de atravesar el umbral, el siglo I a.c. se me mostraba en forma de monumento, de código de piedra. El corazón se me paró, la mente viajó al pasado y los ojos se petrificaron ante elocuente maravilla. Ante mí las nubes habían dejado paso al sol que calentaba el mármol grisáceo del pulpìtum, donde en antaño reinas y diosas de piedra sucumbían a Homero y a la flauta de Pan. Tras bajar de las gradas por una escalera de piedra llegué a su orchestra "espacio semicircular pavimentado de mármoles blancos y azulados destinado al coro" me coloqué delante del proscenio rectangular, el escenario o pulpitum, que en la antigüedad debía ser de madera, y me puse a observar sus 17 metros de altura, sus columnas de estilo corintio, de fuste blanco y cornisa gris, sus estatuas como Ceres, Plutón, Proserpina. Tres puertas llaman mi atención, son: valva regia y dos laterales valva hospitalia, por donde salían los actores a escena. Tras la escena se construyó una zona ajardinada de planta cuadrangular rodeada de columnas y pórticos, el peristilo, que se usaba como área de esparcimiento. Mi mente por un momento se estancó en el pasado, viviendo cada momento como si estuviera en el presente, mis intérpretes en piedra me acompañaron de la mano hacia la casa del teatro, donde encontré un mosaico de temas infinitos y en muy buen estado de conservación. El sol apretaba con su calor mi cara, cuando unos orificios juntos entre sí llamaron mi atención, se trataba de las letrinas públicas, vamos de los cagaderos públicos, y es que llegados a este punto decir que los romanos cagaban todos juntos y que para limpiarse utilizaban una especie de escobilla, donde en la punta le ponían una esponja natural. Pensando que no sería capaz de hacer caca en esas circunstancias, me vi en la calle caminando en busca del siguiente monumento importante. La Basílica de Santa Eulalia, esta se encontraba en un extremo del pueblo, decir que se entra con la misma entrada del teatro. Caminando y preguntando llegué motivado a unos de los primeros edificios religiosos de la Hispania después del Concilio de Nicea. Construida en el siglo IV sobre el lugar donde se cuenta que se inmoló la niña Eulalia, de ahí su nombre. Pero su verdadero tesoro se encuentra en su cripta, donde el olor a humedad me indicaba que realmente lo que ahí abajo había eran restos humanos. Los restos paleocristianos corresponden, según los arqueólogos a Santa Eulalia, además de otros de origen visigodo y romano. El silencio del santo lugar me invitó por un instante a trasladarme hacia los primeros años del cristianismo, mientras caminaba por aquella húmeda, oscura y conservada galería observaba con detenimiento todo lo que por allí asomaba, por un lado varias tumbas me saludaban a modo de historia muda, y al fondo un mosaico me indico el lugar donde supuestamente estaba la santa. A pocos metros un sarcófago vacío hacía su aparición, abierto por la parte superior era como una cápsula del tiempo, un lugar donde la historia se detuvo. Al terminar mi visita, un edificio con una portada característica captó mi atención, estaba en el atrio, se trataba del Hornito o capilla de Santa Eulalia, se levanta sobre el lugar en el que sufriera martirio la joven emeritense. Y en realidad se trata de un lugar de peregrinación. EN el dintel una frase llamó mi atención: MARTI SACRVM VETTILIA PACVLI (consagrado a Marte por Vettilia, esposa de Páculo). Caminando por una de sus calles centrales, su cuesta gris me llevó al centro de la población, lugar donde concurren negocios, comercios y sobretodo lo referente al jamón, este manjar que por estas tierras tiene un sabor único. Antes de partir hice una parada obligatoria en un tienda donde me compré una moneda de Constantino, siglo IV d.c. La morfología urbana de Mérida en un principio fue ortogonal, pero con el tiempo adquirió la forma de plano irregular. Caminar por sus calles, es andar en una especie de máquina del tiempo, donde cada esquina, cada rincón es testigo mudo de la historia. Estas callejuelas han sido testigo del apogeo romano, de su caída, de la llegada de los visigodos, de la conquista árabe, de conquista cristiana... Mérida es un libro abierto, una ventana al pasado en forma de piedra que ha sobrevivido al paso del tiempo, cuna del conocimiento y viuda del legado de España. Os recomiendo visitar esta ciudad y disfrutar de su gente, patrimonio, gastronomía y entorno. http://turismomerida.org/

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