SETENIL DE LAS BODEGAS, LA CALLE DONDE EL SOL NUNCA SE PONE
Buenos días seguidores hoy mi blog estará dedicado a Setenil. Este maravilloso pueblo se encuentra en la ruta de los pueblos blancos de Cádiz atravesado por el río Guadalporcún.
Los orígenes de este pequeño pueblo se remontan a la época de la reconquista, lugar inexpugnable y puerta de acceso al reino nazarí, las tropas cristianas lo sitian en el año 1407. Desde los tiempos de Juan II de Castilla hasta el reinado de los Reyes Católicos se producirán siete sitios, de ahí el nombre de la ciudad Septem nihil, siendo el último –21 de septiembre de 1484– el que conduce a la victoria. El municipio se independiza de Ronda en el año de 1630, ya en el siglo XIX, las guerrillas con otros vecinos pueblos logran echar al intruso francés.
Tras la breve historia, comenzaré a hacer un recorrido por este hermoso pueblo.
Era una fría mañana de domingo del mes de Noviembre, el cielo amenazaba lluvia y el reloj de la furgoneta marcaba las 10 de la mañana, cuando llegamos a una enorme cuesta, donde un policía de faz rechoncha me invitaba a aparcar ya que el tráfico se hacía imposible.
Después de aparcar sobre aquella gris y gélida calle y con cámara en mano me puse en camino. A escasos 200 metros asomaba bajo el cielo gris la torre del Homenaje con dos crespones violetas, testigo centenario de Setenil. Me encontraba ascendiendo su serpenteante cuesta, cuando el ruido de una plaza cercana hizo asomarme por un balcón situado al lado de la torre, esta es pequeña de forma poligonal y con suelo de losas grises rodeada de pequeños restaurantes. Desde el pequeño balcón las vistas de la población eran espectaculares, a un lado y a otro las casas nacían como setas en las laderas de la peña, la cal de sus fachadas llenaban de blanco, el marrón de la montaña mientras las tristes nubes dejaban pasar los débiles rayos del sol de otoño.
De nuevo, baje hacia la plaza en busca de la colosal torre del homenaje, parte de lo que fue el famoso Castillo Nazarí del siglo XIII, del que todavía se conserva la torre del homenaje, los baños, parte de la muralla y el alcázar.
Posteriormente y tras pagar un pequeño precio, accedí al interior de la torre donde se expone de forma permanente una exposición de arte sacro, sus arcos góticos se adornan con toda clase de enseres religiosos, peanas, cáliz. rosarios, estatuas, insignias, banderines...también podemos encontrar los clásicos penitentes de la Semana Santa, para mí inquisidores, en fin nada que me llamara la atención. El único atractivo que encontré fue su azotea de la que se podía divisar todo Setenil. Las vistas eran espectaculares, por un lado las casas a modo de hileras unas encima de otra, por otro el peñón y al lado a modo de vecina cotilla la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación. Tras la visita aérea, bajé de la torre y retrocedí a la Setenil nazarí, sentí sus calles serpenteantes, su historia oculta y por un momento mi imaginación hizo que oliera, viera y sintiera el siglo XIII y es que andar por el centro de Setenil es andar por su historia ya que este se encuentra dentro de lo que en antaño fue el Castillo.
Entonces el ruido del campanario me devolvió de golpe y porrazo al siglo XXI, donde mi madre y parte del pueblo me esperaba. Las doce de la mañana marcaba el reloj de mi iphone cuando delante de la portada mudéjar-gótica, me pare y observe la similitud que tenía estos templos con la Acrópolis de Atenas y es que la fachada principal en forma de triángulo se asemeja mucho con los templos griegos. La fachada termina en punta o sima, debajo de esta presenta un óculo y debajo su portada. Un pequeño nártex da la bienvenida a una Iglesia con una nave central dividida en dos estilos apreciables en primer lugar mudéjar perceptible en sus techos y en segundo lugar gótico con bóvedas de crucería mostrando los nervios, en su ábside encontramos el altar y un pequeño retablo de estilo románico tardío sobre un cristo crucificado.
A posteriori y tras dejar el lugar santo, era hora de visitar el encanto de Setenil, su famosa calle "sombra" y "sol". Para ello segí las recomendaciones del guía turístico y me puse a buscar la calle Jabonería.
La tarde amenazaba agua, cuando tras atravesar el puente romano mis ojos se clavaron en algo único, bonito tal vez, no se... a unos 50 metros una muchedumbre sedienta por devorar las tapas típicas de la región, era devorada a su vez por una masa de piedra, la montaña literalmente caía sobre las blancas casas de la localidad como maremoto sobre Japón, a cada metro más disfrutaba con lo que veía, a un lado un barranco con su tranquilo río, al otro casas construidas con las paredes de la montaña. Y por fin llegué a su más famosa calle, La Calle Sombra, llamada así porque nunca recibe los rayos del astro rey y es que una enorme piedra hace de techo colapsando la luz del sol y poniendo en comunicación las paredes de dos casas, puedo decir que jamás en más de 41 países, 400 ciudades he visto tan bello y a la vez tan respetuoso paisaje.
Considero Setenil, desde mi punto de vista como uno de los pueblos más bonitos, únicos y distintos del Mundo. Tenéis que ver esta joya de la provincia de Cádiz.
http://www.setenildelasbodegas.es/index.php/es/
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