Buenas tardes, hoy mi blog estará dedicado a Aviñón. Aviñón (en francés Avignon, en occitano provenzal Avinhon [en norma clásica] o Avignoun [en norma mistralense]) es una ciudad y comuna francesa, capital del departamento de Vaucluse, en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul.
Aviñón fue residencia de los papas en 1309, cuando la ciudad se encontraba bajo el gobierno de los reyes de Sicilia pertenecientes a la Casa de Anjou. En 1348, el papa Clemente VI compró una residencia a la reina Juana I de Sicilia, permaneciendo Aviñón como propiedad papal hasta 1791 cuando fue incorporada a Francia durante la Revolución francesa.
A continuación aparece la lista de los siete papas que residieron aquí desde 1309 hasta 1377. A este período en que los papas establecieron su residencia en Aviñón se le conoce como Papado de Aviñón. Una vez terminada ésta, comenzó en 1378 el Gran Cisma de Occidente que no se resolvió hasta 1417.
Clemente V
Juan XXII
Benedicto XII
Clemente VI
Inocencio VI
Urbano V
Gregorio XI
Los antipapas Clemente VII y Benedicto XIII, continuaron residiendo aquí aún después de que los papas regresaran a Roma en 1377. Clemente VII permaneció en Aviñón durante todo su pontificado 1378-1394 mientras que Benedicto XIII vivió en Aviñón hasta que huyó hacia Aragón, fijando su residencia finalmente en Peñíscola, donde murió a los 96 años en 1423. Aviñón había sido sede episcopal desde el año 70 dC, y fue convertida en Arzobispado en 1476. Aquí se celebraron varios sínodos de menor importancia. Su universidad fue fundada por el papa Bonifacio VIII en 1303 y, debido a su reputación por sus estudios en leyes, tuvo gran importancia hasta la Revolución francesa.
Mi viaje comienza dando una vuelta alrededor de su enorme muralla, la cual rodea toda la antigua ciudad pareces estar en Ávila. Tras la vuelta llegamos a Rua Migrenier donde dejamos el coche. Seguimos por esta calle, atravesamos un pequeño parque y llegamos a un pasaje que pasa `por la parte trasera del jardín de los Papas. Después de caminar unos minutos llegamos a la plaza La Mirande y de esta por una pequeña calle llena de adoquines llegamos a la plaza de los Papas, una enorme plaza atestada de gente, llena de bares muy caros y con unas cuestas que hacían imposible caminar con la silla. Agobiado y con ganas de... deje a mi madre a la sombra y fui en busca de unos bocadillos, deje atrás la plaza de los Papas y continué por la plaza de la Horloge, en una de sus esquinas compré un par de bocatas enormes de queso francés, comer por estos lugares no lo recomiendo porque son súper caros.
Sentados en un escalón nos comimos los dos bocatas, observando enfrente de nosotros la hermosura del Palacio de los Tres Papas.
Después de comer tocaba visitar el palacio, la entrada me costó unos 12€, un poco cara pero merece mucho la pena.
Aviñón se convirtió en la residencia papal en 1309, cuando el gascón Bertrand de Goth, como papa Clemente V, no deseando enfrentarse al violento caos de Roma después de su elección (1305), trasladó la curia papal a Aviñón.2 Clemente vivió como invitado en el monasterio dominicano de Aviñón y su sucesor, el papa Juan XXII estableció allí un magnífico establecimiento, pero la reconstrucción del viejo palacio obispal fue empezado en serio por el papa Benedicto XII (1334-42) y continuó con sus sucesores hasta 1364. El lugar elegido fue un afloramiento rocoso natural en el borde norte de Aviñón, por encima del río Ródano, llamado Rocher des Doms. Allí estaba el viejo palacio episcopal de los obispos de Aviñón. La elección de este lugar permite a los autores dar altura al conjunto de manera que resulta más impresionante y puede verse desde muy lejos. Es visible desde la cumbre de los Alpilles (Bocas del Ródano).
El Palacio se construyó en dos fases principales con dos segmentos distintivos, conocidos por el Palais Vieux (Palacio Antiguo) de Benedicto XII y Palais Neuf (Palacio Nuevo) de Clemente VI. El edificio fue enormemente caro, consumiendo gran parte de los ingresos papales durante su construcción. Lo decoraron lujosamente artistas de la época como Simone Martini y Matteo Giovanetti.
El Palais Vieux fue construido por el arquitecto Pierre Poisson de Mirepoix por encargo del papa Benedicto XII. El austero Benedicto hizo que se arrasara el anterior palacio episcopal y se reemplazara por un edificio mucho más grande, centrado en un claustro, muy fortificado para defenderse de los atacantes. Sus cuartro alas están flanqueadas por altas torres.
La gran capilla, donde rezaban los papas de Aviñón.
Con los papas Clemente VI, Inocencio VI y Urbano V, el edificio fue ampliándose para formar lo que hoy es conocido como el Palais Neuf. Clemente VI encargó a Jean de Louvres que construyera una nueva torre y edificios auxiliares, incluyendo una gran capilla de 52 metros de largo que servía de lugar de celebración de actos de culto papales. Otras dos torres se construyeron con Inocencio VI. Urbano V acabó el patio principal, conocido como la Court d'Honneur, con ulteriores edificios encerrándolo. El interior del edificio fue suntuosamente decorado con frescos, tapices, pinturas, esculturas y techumbres de madera.
Los papas dejaron Aviñón en 1377, regresando a Roma, pero esto provocó el cisma papal época en la que los antipapas Clemente VII y Benedicto XIII hicieron de Aviñón su sede hasta 1408. El último fue aprisionado en el Palacio durante diez años después de ser asediado dentro en 1398. El edificio permaneció en las manos de fuerzas antipapales durante algunos años. Fue asediado desde 1410 hasta 1411, pero se devolvió a la autoridad de los legados papales en 1433.
Aunque el Palacio permaneció bajo control papal, junto con la ciudad y el Comtat Venaissin durante 350 años más, gradualmente se fue deteriorando a pesar de su restauración de 1516. Cuando estalló la Revolución francesa en 1789 ya estaba en mal estado cuando fue tomado y saqueado por las fuerzas revolucionarias. En 1791 fue el escenario de una matanza de contrarevolucionarios, cuyos cuerpos se arrojaron desde a la Tour des Latrines en el Palais Vieux.
El palacio fue posteriormente tomado por el estado francés napoleónico para usarlo como barracas militares y prisión. Aunque fue dañada por la ocupación militar, especialmente bajo la anticlerical III República, cuando el resto de trabajos de madera interior fue eliminado para usarlo en la estructura como establos, los frescos se cubrieron y se destruyeron en gran medida, pero irónicamente, esto aseguró la que la estructura del edificio sobreviviera. Sólo se vació en 1906, cuando se convirtió en un museo nacional. Desde entonces ha estado en una restauración prácticamente constante. El palacio es enorme, en él puedes pasear prácticamente por todas sus dependencias, sus plaza de armas, su claustro, su capilla, las habitaciones papales, el jardín, su comedor, sus torres...
Lo que más me gustó fue las habitaciones papales, el comedor, donde te explican como comía el Papa y curiosidades como el hecho de que el único que tenía cuchillo era él... otra de las cosas que me llamaron la atención fueron sus torres. Como dato negativo decir que el palacio está totalmente vacío, dentro de este no encontramos absolutamente nada, sólo algunas exposiciones que rozan el 5. Después de casi una hora de visita, mi madre y yo nos fuimos a conocer la ciudad, dejamos la plaza de los Papas, pero antes compramos unas entradas para el espectáculo nocturno, seguimos por la plaza de la Holorge, donde habían bares carísimos y un tío vivo, continuamos nuestro camino por la Rue Favart, las calles de esta ciudad en su centro son peatonales de mármol, mantienen el estilo francés de casas de dos o tres plantas con tejados en punta de color rojo-marrón. Seguimos por la Rue Carnot, hasta la Rue Carreterie y de aquí salimos al exterior de la muralla. Continuamos por el exterior de esta, siguiendo su curso por Bulevar Limbert, el paisaje que veía me encantaba por un lado la historia y la ciudad vieja por el otro la nueva urbe. Tras caminar unos 10 minutos entramos de nuevo en la ciudad vieja y caminamos al lado de un río subterráneo que pasa por la Rue des Teinsturiers, este era un barrio algo marginal en el cual sólo vimos algunas terrazas y muchos personajes, seguimos por esta hasta la Rue Philonarde la cual nos llevó cerca de la plaza de Jerusalén, donde me tomé la famosa palangana de café.
Después de tomarnos el café, seguimos rectos hasta la Rue de la República, una de las arterias principales que cruza esta ciudad, estaba llena de tiendas de todo tipo, restaurantes, bares...En ella se encontraba el museo arqueológico de la ciudad, el cual cerraba a las seis. Seguimos toda la calle hacia abajo y llegamos a una de las entradas de la muralla más importantes de todas, en frente a ella se encontraba la estación de tren o autobús "Gare Avignon".
Después de unas hermosas fotos con el sol como telonero, bajamos de nuevo por la calle de la República, donde paramos a comprar la merienda y unas botellas de vino. Seguimos toda esta calle recta hasta la plaza de Horloge y después seguimos por sus callejones los cuales nos llevaron de nuevo al coche.
Tras merendar en el coche, salimos de la ciudad vieja y continuamos por Bulevar de la Ligne hasta el puente de Europa, el cual cruzamos en dirección por la ruta de la Isla, donde paramos para ver un espectáculo único, por un lado el sol cayendo en el Ródano y al otro lado de la orilla el Castillo de Philippe.
Tras las hermosas fotos le dimos la vuelta a Avignon, en busca de un centro comercial. De este nada de nada lo único que vimos fue un enorme incendio en una de las barriadas des extrarradio de la ciudad, fue increíble la primera vez que veía un incendio así.
Después de grabarlo, se nos hizo de noche y nos fuimos de nuevo al aparcamiento que teníamos al lado del palacio de los Tres Papas.
La noche empezó a cubrirse de negro, el viento cambió y la temperatura bajo unos grados, así se presentaba nuestro camino hacia la obra de luces y sonido del palacio. Cuando estábamos en la entrada de minusválidos, empezó a llover a cantaros y mi madre y yo nos refugiamos bajo una de las molduras del castillo.
Justo cuando abrieron las puertas para entrar, dejó de llover, lo malo fue que la rampla de acceso resbalaba mucho, menos mal que allí había un hombre que me ayudó con mi madre. Un saludo desde Tana por el mundo.
Sobre las diez y media de la fría noche de Agosto y tras la lluvia, empezó el espectáculo de luces y sonidos más increíble que he visto y vivido en estos últimos 5 años viajando alrededor del Mundo. Consistía en un viaje por el tiempo, donde a través de efectos de luces, que se reflejaban sobre las paredes del patio de armas del castillo, se veían las diferentes etapas de la historia de Avignon. No tengo palabras para lo que allí vivimos, fue único, bello, y sino fuera por el frío, hubiera sido la noche perfecta...Sobre las paredes se proyectaron imágenes de cuadros, de los Papas, hechos históricos con como la Peste, el Renacimiento, la Segunda Guerra Mundial...Luego las paredes se caían, formaban tetris... Lo recomiendo muchísimo, si estáis por esta ciudad tenéis que ir.
Caminar por la parte vieja de esta ciudad, es como trasladarte a la época donde el centro del poder religioso de Roma estaba presente, aún se respira el ambiente de ataño, sus paredes son los testigos mudos de aquella historia, una historia negra llena de pactos sangrientos entre el Papa y el rey.
Sus calles a diferencia de París y de Marsella, son diferentes, casas de una o dos plantas de tejados marrones, callejuelas entrecruzadas, estrechas amenizadas por el río que cruza por debajo, a veces visible a los ojos de los viajeros. Y el que decir del Ródano, símbolo de la ciudad y testigo mudo de unos papas, que aún se sienten allí, que cambiaron el Mundo.
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